Por encima

Me quedo con la gente normal, corriente, que no va de víctima por la vida, la que dice las cosas con naturalidad, sin aspavientos, sin gritar.

Me quedo con la gente alejada de la prepotencia, da la cara, que no esconde la mano y que no utiliza la mentira para enmascarar su impotencia con prepotencia.

Me quedo con la gente que no toma al resto por tonta, que no minusvalora al prójimo.

Me quedo con la gente que sabe cuando abrir la boca y cuando debe estar callada, que pregunta cuando no sabe. Hay gente con una supuesta carga de imbecilidad que cuando abre la boca la suposición se convierte en ratificación de su estado de imbecilidad.

 

En el último número de LVA, escribía un artículo que reproduzco para refrescar memorias y volver a recordar que la cobardía es hábito común del tonto y del miserable.

 

LA VOZ DE ALMEDINA                   Nº 16                      ABRIL-JUNIO DE 2007

 

Almedina, por encima.

Se ha hablado bastante durante las últimas fechas de libertad de expresión, de democracia, de derechos y deberes. De respeto. Se ha hablado de dictadura, tiranías, de revolucionarios y de más cosas que no vienen a cuento. Pero ha hablado el conjunto del pueblo y ha elegido a sus gobernantes por cuatro años, manifestando su legítima voluntad.

 

Almedina, como otros lugares, no es ajena al devenir de la historia y sus acontecimientos, buenos o malos, pero ha estado ahí, durante siglos, por encima del señor feudal y del cacique. Almedina está por encima de personas que se creyeron dueños de un pueblo donde íberos, romanos, musulmanes y cristianos dejaron sus huellas. Almedina no es propiedad de nadie. Almedina es propiedad de si misma, que se erige sobre su particular atalaya del tiempo, observando como generaciones enteras se presumían eternas.

Almedina está por encima de las manifestaciones anónimas y cobardes que se le haga al ciudadano de a pie, al cura, al candidato de un partido o al alcalde.  Y no se debe señalar con el dedo acusador a todo un colectivo, sea cual sea su creencia política o religiosa. Se cae en la misma cobardía de quién realiza estos actos cuando el que acusa lo hace en la calle y no en los tribunales.

 

Almedina está por encima de todo lo que se habla y de todo lo que se calla. Almedina es mucho más que unas lindes que delimitan su término, mucho más que la patria de un pintor, mucho más que una tradición pagana o religiosa, mucho más que un asentamiento íbero, mucho más que la cuna de un humanista o un obispo, mucho más que unas siglas políticas. Y para comprender que Almedina es mucho más que todo esto y es a su vez la acertada conjunción de todo lo anterior y mucho más, es necesario quererse a sí mismo, mirar al vecino como vecino y no como adversario, tratar a las personas con las que convives como te gustaría que a ti te tratasen. Existen muchas más razones que nos unen de las que nos separan, razón suficiente para pensar un par de veces las cosas antes de decirlas.

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