¿A quién le importa que vivan?

 

Junto a la lluvia, el frío y el cansancio,

también les acompaña la tristeza y el miedo.

Huyen, escapan como pueden del enemigo.

Y yo me pregunto, ¿quién es el enemigo?

 

Un viejo remolque rueda sus llantas por el asfalto,

enganchado a un no menos viejo tractor,

conducido por un muchacho de rostro triste,

empeñado en pensar que no lo ha perdido todo.

 

En el tractor, seis o siete niños y niñas,

resisten la incomodidad de doscientos kilómetros,

pero aún peor, aguantan el no-entendimiento

de los dirigentes que deciden  su pobreza.

 

El remolque, resiste el peso de los años,

y de los que huyen hacia no sé donde,

otros, emigran arrastrando sus pies por el barro,

y aguantan el peso de una carga que se llama “hambre”.

 

Escapan “simplemente”, porque quieren vivir,

cruelmente destinados a un futuro,

que lo siento como mío, doliéndome

en lo más profundo de mi absurda conciencia.

 

¿Quién no dormirá esta noche,

sabiendo que ellos no duermen?…

¿A quién le importa que sufran?,

¿A quién le importa que vivan?.

 

A. Alfonsea ©

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