Vuestro Dios no existe

Hace ya algún tiempo, no sé cuánto, me empecé a dar cuenta de lo que era la Iglesia, de lo que predicaba y luego hacía, de lo que prohibía y luego consentía. Decía esa Iglesia que había que temer a Dios, cuando Dios se supone que es un ente bondadoso al que no hay que temer ni de Él recelar. Comprendí que ese Dios al que se refería la Iglesia no estaba en los cielos, ni limbos, ni en los templos, ni en conventos, ni en cementerios, comprendí que ni los obispos, ni papas, ni curas, tienen algo que ver con Él, salvo el negocio que montaron en torno a Él y del que se enriqueció descaradamente esa Iglesia y otras tantas.

Comprendí hace tiempo que a lo que la Iglesia llama Dios, y los musulmanes Alá y los… no es otra cosa que la capacidad de perdón, de comprensión, de solidaridad y de tantas otras atribuciones bondadosas que se suponen inherentes al ser humano y que están dentro de cada uno de nosotros. Para ayudar a alguien a levantarse del suelo no hace falta que te lo diga un cura (si eres medianamente humano), sino que lo ayudas a levantarse y punto, como el prójimo lo haría contigo (si es medianamente humano). Dios, Alá, X o … está en cada uno, dentro de nuestras entrañas y no revestido de oro, ni envuelto en ese halo místico en el que todas las religiones quieren colocarlo para mantener su status. Ese Dios de los cielos no existe, ni nos iremos a los cielos e infiernos según San Pedro. Esas patrañas insultantes que las religiones infligen a sus creyentes son patéticos cuentos de niños para que teman a Dios y compren sus diligencias a cambio del perdón eterno.

Si en tu vida has obrado bien o correctamente, “el cielo” será tu tranquilidad de conciencia. En cambio, si lo has hecho mal, “tu infierno” será el tormento interior que sientas a la hora de tu muerte. Pero, qué fácil es jugar con las personas que sólo tienen la tabla de salvación de redimir sus pecados ante el Todopoderoso. Y con eso juegan en cada funeral o entierro los ministros de turno de las religiones diversas aludiendo a la “salvación eterna”, “al perdón de los pecados”, “a la diestra del Padre”.

Si existe ese Dios que ofertan las diferentes religiones, y tiene tanto poder, y es tan justo y bondadoso, y es el creador del cielo y de la tierra y de los seres vivos, y aún hoy tiene influencias para intervenir en nuestro mundo, tiene que ser muy hijo de puta para permitir que todos los días mueran niños por hambre o enfermedades curables en el primer mundo.

Creo que la salvación está en convivir armoniosamente con el prójimo, ayudándole en lo que se pueda y no suplicar el último día de la vida en recibir la extremaunción, ni en tener el más fausto funeral de tus congéneres, ni que en tu lápida se cincele el más grandioso arcángel del cementerio. Ahí no está la humildad que predicaba Jesús, ni el reencuentro con Dios. Dicho queda.                   

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