Declaración de intenciones II

Almedina Carlos Vigueras

La Bitácora de Almedina es un espacio pura y llanamente personal, construido y mantenido durante el tiempo libre que, entre otras cosas, uno tiene a bien empeñar, sin vinculación o patrocinio alguno por parte de nadie, con espíritu humanista e inquietudes definidas hacia la divulgación y conocimiento de Almedina, abierto a comentarios y artículos sean o no del gusto del administrador, obviamente sin caer en la descalificación ni el insulto. Para ello, esta página será rigurosamente colaboradora con la Justicia en el caso de que ésta lo requiera.

Este espacio está abierto a la crítica argumentada, porque seguro que de ella podemos sacar conclusiones valiosas, pero lo que no permitirá bajo ningún concepto es que se silencie la palabra de nadie porque no se esté de acuerdo con una opinión o comentario. Afortunadamente contamos con la fuerza de la palabra, con la razón del argumento y con la capacidad de rectificación. Afortunadamente estamos en un Estado de Derecho, donde la Libertad de Expresión se encuentra protegida y amparada por nuestra Constitución, y aquel o aquellos que consideren vulnerada su Libertad tienen todo el derecho del mundo a acudir a los estamentos judiciales para denunciar dicha infracción.

Aquí caben creyentes y ateos. De izquierdas, de derechas, centristas y apolíticos. Del Barça, del Madrid, del Atlético y del Manchego. Creacionistas y evolucionistas. Soñadores y pragmáticos.  Todo aquel  que quiera hacer uso de ella para opinar o contrarrestar una opinión, aquí encontrará un espacio totalmente libre dentro de los parámetros del respeto.

En La Bitácora de Almedina no cabe presión alguna, de ningún tipo, provenga de donde provenga. Al contrario, toda actuación por el medio que sea, que intente coartar los Derechos a la Palabra y la Libertad de Expresión obtendrán la justa respuesta de quién sólo puede determinar lo que en un Estado democrático es justo. Rectificar o perseverar, esa es la cuestión.

Léanse este poema del poeta ruso Maiakowski, merece la pena e invita a pensar:

 

La primera noche

ellos se acercaron y cogieron una flor

de nuestro jardín,

y no dijimos nada.

 

La segunda noche

ya no se escondieron,

pisaron las flores, mataron nuestro perro

y no dijimos nada.

 

Hasta que un día

el más frágil de ellos

entró sólo en nuestra casa,

nos robó la luna, y

conociendo nuestro miedo

nos arrancó la voz de la garganta.

 

Y porque no dijimos nada,

ya no podemos decir nada.

 

(V. Maiakowski, poeta ruso, 1893-1930)

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