Funcionarios públicos

  JOSÉ LUIS CASAS SÁNCHEZ

Hace ya más de treinta años que me convertí en funcionario público, adquirí esa condición sin ocupar la posición intermedia de interino, “penene” se llamaba entonces, un término hoy en desuso, tanto que cuando en clase mis alumnos encuentran esa palabra aplicada a uno de los gobiernos de Adolfo Suárez debo explicarles que deriva de PNN, Profesor No Numerario

En consecuencia, mi caso particular es de quien pasó de ser estudiante y recién licenciado a Profesor con destino provisional, pero que en su segundo año ya tenía un destino definitivo, que luego he cambiado de forma voluntaria en dos ocasiones. A lo largo de todos estos años he visto mejorar mis condiciones de vida y las de mis colegas, al tiempo que nuestros salarios han evolucionado en función de la coyuntura, con algunas etapas de congelación. Como es obvio, no todos los funcionarios públicos nos encontramos en las mismas condiciones, ni todos pertenecemos al mismo nivel, ni las cargas familiares son idénticas, en consecuencia las generalizaciones son susceptibles de matizaciones.
Hecha esa salvedad, debo señalar que nunca me he sentido menospreciado por la Administración desde el punto de vista salarial, así como que nunca he hecho huelga por ese motivo, mientras que sí he participado cuando había otro tipo de razones. Ahora vamos a asistir a una reducción de nuestros salarios, y de inmediato toda la sociedad parece preocupada por los funcionarios, inclusive los sindicatos, que al parecer no habían visto a lo largo de la crisis una razón para la huelga y sin embargo de inmediato han reaccionado con la convocatoria de una en el sector público. Tanto en las tertulias radiofónicas o televisivas como en los comentarios de la calle, el tema de los funcionarios públicos se ha convertido en estrella. Me resulta admirable que de pronto todos se acuerden de nosotros, y que además tengan tanta información sobre nuestra situación. Los más osados alzan la voz en nuestra defensa, cuando hasta hace unos días el funcionario público era objeto de crítica, en especial si como es mi caso se tiene la condición de Profesor, objeto de ataques cada vez que se habla de vacaciones, cuestión a la cual suelo responder siempre con algo de ironía, cuyo resultado no es sino un mayor enfado de quienes ignoran las características de nuestro trabajo.
No sé cuánto va a suponer mi recorte salarial como funcionario del grupo A, lo que sí tengo claro es que el próximo día 8 no haré huelga, un instrumento utilizado muchas veces de manera frívola, tal y como les he explicado en más de una ocasión a mis alumnos cuando son ellos quienes las convocan. Mi decisión no significa que mi deseo sea ganar menos, ni tampoco que me parezca excelente la política del Gobierno, que desde hace ya demasiado tiempo parece estar perdido, sin brújula, quizás porque no se cumple el art. 98.2 de nuestra Constitución: “El Presidente dirige la acción del Gobierno y coordina las funciones de los demás miembros del mismo, sin perjuicio de la competencia y responsabilidad directa de éstos en su gestión”. También hay algunos recortes incomprensibles, puesto que en una Administración donde se multiplican los asesores, a cualquier persona sensata le resulta incomprensible que se haya suprimido el rango de la dirección de la Biblioteca Nacional, lo que no es sino una falta de respeto al significado de la cultura, un bien que en teoría debería estar mimado por parte de un gobierno socialista.
Y a pesar de todo esto, entiendo que la mejor manera de contribuir a la solución de la crisis no está en hacer una huelga, que por cierto luego representa un buen ahorro para las arcas del Estado, sino en exigir a los poderes públicos una mayor eficacia, una mejor gestión, más claridad y más decisión a la hora de acometer reformas en otros ámbitos. Porque ahora ya nadie parece recordarlo, pero cuando se reconoció la gravedad de la crisis en todo el mundo, se habló de la necesidad de “refundar el capitalismo”, y en realidad asistimos más bien a un cambio de camisa, sin que hayan desaparecido los problemas originarios ni haya existido ninguna exigencia de responsabilidad a quienes nos han conducido a la presente coyuntura.
Los funcionarios no estamos en el origen del problema, tampoco ahora seremos la solución, mientras tanto somos muchos en el sector los que nunca olvidamos el significado de la palabra que nos califica: “públicos”.

* José Luis Casas Sánchez es Profesor de Historia

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