Los elogios de Lope de Vega a Jiménez Patón en el «Laurel de Apolo»

Extracto de Juan Manuel Rozas de “Lope de Vega y los escritos ciudad-realeños elogiados en el «Laurel de Apolo»”

Cinco fueron los escritores de la provincia de Ciudad Real elogiados por Lope en el Laurel de Apolo: tres de ellos, Cejudo, Doña Ana de Castro Egas y Bernardo de Balbuena, nacieron en Valdepeñas; los otros dos, Jiménez Patón y Fernando de Ballesteros, en Almedina y Villanueva de los Infantes, respectivamente.

Jiménez Patón, según el Periodico Universal No se puede hablar de una escuela literaria manchega del Siglo de Oro, pero sí existió una escuela de gramáticos. El jefe de esta escuela es Jiménez Patón. Sus obras son de gran valor para tejer una bibliografía de la provincia de Ciudad Real y deberán ser consultadas -por quien emprenda tan necesaria labor- en busca de oscuros escritores de la provincia. Aparecen en ellas nombres de discípulos suyos, o de seguidores, que le defienden y elogian, alguno de los cuales llegará a ocupar cátedra en los pueblos cercanos. Él es el centro de todos los dómines de La Mancha y Jaén. Al final de Mercurius Trimegistus, como ya señaló Menéndez y Pelayo, aparecen una serie de certificados de catedráticos de toda la región en los que se comprometen a estudiar por dicho libro. Pero el preceptista no sólo aglutina a los maestros de Gramática, sino que mantiene correspondencia -y en muchos casos los dirige- con otros literatos que nacieron o vivieron en tierras manchegas. Incita a Fernando de Ballesteros a escribir. Ambos mantienen estrechas relaciones con Quevedo, quien -¿casualidad?- prologa el libro de Ana de Castro Egas y la traducción de la Comedia Eufrosina, de Ballesteros. También Cejudo está en relación con Patón. La Decente colocación de la Santa Cruz de este, viene aprobada por el calatravo y en la Reforma de trajes. Doctrina de Fray Hernando de Talavera… ilustrada por el Maestro Bartolomé Jiménez Patón se incluye un epigrama latino de Cejudo que viene, tras unas palabras de elogio para el valdepeñero, traducido por el preceptor. Pero todo esto -esbozo de un estudio que merece ser ampliado- se sale del tema de este artículo. Volviendo a Lope de Vega, voy a copiar diversos testimonios que nos dan idea de su amistad con Jiménez Patón. Empezando por el Laurel, eje de este estudio:

   De hoy más, porque la envidia no se atreva,  Portada Libro Mercurius Trimegistus

Pues Jiménez Patón enseña y prueba

Que están en su retórica difusas,

Llámese Villanueva de las Musas.

Y no de los Infantes Villanueva.

Las figuras confusas

Antes de su elocuencia,

Con el sol de su ingenio y de su ciencia

Tan claros manifiestan sus secretos,

Que le deben colores y concetosPortada Libro Epitome de la ortografia latina, y castellana

Cuantas plumas escriben

Y en la docta región de Apolo viven.

La elocuencia española,

Que fluctüaba entre una y otra ola,

Puerto agradezca a su valiente pluma,

Pues en cualquiera suma

Del que no sabe le hallará la nave.

Y para saber más el que más sabes. Partida de nacimiento de Jiménez Patón

En la Jerusalén Conquistada

Y la nueva Retórica divina

De Ximenez Patón, a quien la fama

Con una letra más, Platón le llama.

Sin contar el elogio a los Proverbios, concordados por Patón, de Varros, pues estaba ya en las ediciones en que no había intervenido el gramático manchego, todavía encontramos para ésta una nueva alabanza, en verso, en las obras del Fénix:

Allí nos acusó de barbarismo

gente ciega vulgar, y que profana

Lo que llamó Patón culteranismo.

Dos elogios en prosa podemos añadir a los ya copiados. El primero se inserta al final de El perfecto predicador y lo copio íntegro por creerlo de interés para ver cómo asesoraban, y se hacían propaganda a la vez, mutuamente, Jiménez Patón y Lope:

El libro del predicador he visto, y queda conmigo en tal predicamento, que si su dotrina se pusiese en prática, aun en esta Santa Iglesia (con ser la prima de España, y aun de la Christiandad, después de la de Roma) veríamos reformada la predicación. Es obra qual de su ingenio, y aunque a la inorancia del mío no se le puede pedir voto y parecer, osare a lo menos afirmar, que será de gran vtilidad para muchos, y estimada de todos, como también lo sienten amigos a quien lo he mostrado, principalmente el señor Doctor Don Rodrigo de Castro y Bobadilla, hermano del Conde de Lemos, Arcediano de Alcaraz, y el señor Don Francisco Idiaquez, ambos Canónigos desta santa Iglesia, y el Maestro Ioseph de Valdivieso, Capellán Mozáraue, y del Illustríssimo Cardenal, y Arçobispo de Toledo. Todos dan por voto muy grandes alabanças, aunque ningunas lo son por deuerse a tan honrado trabajo: y quanto a la honra que se le haze a nuestra nación bastante se descubre en la Apología, que por ser tan conforme a mi opinión, quiero dezir menos de lo bien que me a parecido. Y porque vno de los pocos que en este siglo saben, tengo en más veneración, que la multitud de ricos que el mundo precia, estimo en mucho la memoria que vuessa merced tiene de mí: y en más el ser Lucilo de tal Séneca, que con los Alexandros deste tiempo ser Ephestión. El señor Don Fernando está a cauallo, y aguarda, y el Cielo se pone a llouer, esto impide el ser más largo, el lo sea en dar a sus trabajos lo que merecen, y le guarde para que el mundo coxa el fruto, y España esté, y la honra. De Toledo, y de Septiembre. 23 de 1607. Lope de Vega Carpio.

La segunda carta-elogio se publicó en 1639, en el Discurso de los tufos…, aunque está fechada en 1627: Termina así:

Harto daría yo por verle impreso el Discurso, y pues v. m. no a de pretender sino enseñar, publique este trabajo, q(ue) será lucidíssimo entre los muchos estudios co(n) q(ue) honra a la patria, da erudición a sus discípulos; y a mí que me precio tanto de serlo, y que amo a v. m. como debo, y ruego a nuestro Señor alarge (sic) su vida veinte siglos, que en todo por ventura no hallará quien le iguale, si aun quien le imite. De Madrid. Noviembre 5 de 1627. Capellán y discípulo de v. m. Lope de Vega Carpio.

A cambio de estas rotundas alabanzas, ¿qué ofreció el gramático al genial vanidoso de Lope? Le ofreció lo que más podía satisfacerle: ilustró su Elocuencia con tan abundantes textos del Fénix que se vio obligado a explicar su preferencia con este caluroso elogio: «No sea odioso el exemplificar tan frecuentemente con las obras deste autor singular, porque certifico que el exemplo que hallo en otra, que no lo pongo dél. Y si todos los preceptos de la Eloquencia quisiera exemplificar, en él sólo podía, porque para todos tiene. Donde, aunque es mucho lo que a escrito, se muestra ser bueno y cuidadoso. Y sin causa le a murmurado quien dice que no guarda artificio ni preceptos retóricos. Porque es en ellos tan universal como é dicho y como lo da a entender en la satisfacción que dirigió a don Juan de Arguixo». Y ¿qué mejor elogio que este se podía oponer a las afirmaciones de Torres Rámila y demás preceptistas aristotélicos que, con mala o buena intención, atacaron continuamente a Lope? En efecto, este fue el que, en latín, figuró en el Expostulatio Spongiae.

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