Descubrir Almedina

MARTÍN-MIGUEL RUBIO ESTEBAN es doctor en Filología Clásica, autor de ensayos sobre literatura latina, política e historia y Catedrático de Instituto.

La morería aún permanece inalterada tanto en las calles y cuestas pingorotudas de la ciudad de Almedina, viejo baluarte de la España musulmana, como en el paisaje fantasmagórico que la rodea, universo exacto de Las Mil y Una Noches. Colinas de un oriente onírico de inverosímiles volúmenes, en donde nace el amomo balsámico, rojos caminos acolchados por estratos de siglos polvorientos de moriscos geniales que descubrieron los caprichos del agua, trípodes de donde cuelgan enganchados a cadenas grandes cubos de metal, calderos, en que comen las perdices libres. Sus murmurantes y aleluyáticas albercas que llenaban de vida amenos huertos de sombra olorosa fueron convertidas en fuente con imperial escudo bicéfalo por la Encomienda Mayor de Castilla, y todo el municipio está festoneado con sus fragorosas cuevas de hermosas leyendas de moros y moras.  Almedina, que nos surge como un ensueño teúrgico en el centro del Campo de Montiel, es un arrabal fantasmal de Bagdad perdido en La Mancha del casi ignoto — y maravilloso — este de Ciudad Real, una reinvención de la raíz milenaria del urbanismo de Nino. Todo el pueblo remata en la torre hexagonal de la iglesia parroquial de Santa María, en cuyo chapitel aún entrevemos al almuédano convocando a los fieles a la oración como desde un alminar indeleble y cuya voz llega desde lo alto como un zureo salmodioso a horizontes lejanísimos, hasta los confines del mundo. Pedacito exquisito de una Arabia “Eúdêmon” o Feliz, que dirían los Clásicos griegos.

Aquí nació en el último cuarto del siglo XV Fernando Yáñez de la Almedina, máximo exponente del Renacimiento español y, sin duda alguna, el Rafael de La Mancha, siendo considerado el mejor discípulo de Leonardo da Vinci. De la mayor parte de sus cuadros el pueblo tiene una Museo al aire libre con preciosas y deliciosas reproducciones en azulejo de sus grandes obras pictóricas: Santa Catalina de Alejandría ( acaso su obra maestra, una hermosísima dama en actitud serena y reposada ante su inminente martirio, con bellísimos ropajes de pliegues increíblemente bellos y sensuales que presagian un cuerpo de exultante belleza en donde se adivina las planturosas carnes que aún nos estremecen ), Paisajes de la Vida de San Jerónimo, San Juan Bautista, Virgen y Niño con el Infante San Juan ( no hay que olvidar que el joven Fernando Yáñez vivió en Florencia, ciudad cuyo patrón es San Juan bautista ), Presentación de Jesús al Templo, San Miguel y San Jerónimo, Adoración de los Magos, Ecce Homo, dos jóvenes y hermosos San Sebastianes asaeteados, y otras dieciséis reproducciones más. Llama la atención que en esta época de barbarie socializadora e incultura violenta en el mismo poder político ningún jovenzuelo de la localidad haya agredido ninguna reproducción. Quizás la atmósfera impregnada de civilización y cultura que rodea al pueblo explique este milagro de buena educación.

Ahora bien, aunque uno se afana con deseo por percibir en las miradas de los actuales habitantes de Almedina esos jirones de noche de los que hablaba el Profeta, no encuentra, sin embargo, ningún vestigio de encarnadura de morisco o bella morisca. La verdad es que don Bernardo de Velasco, conde de Salazar, hizo bien su trabajo de expulsar a todos los moriscos españoles, bajo el reinado de Felipe III “el Piadoso”, quedando Almedina, como otras muchas villas de La Mancha, limpia de la hermosa e inteligente raza morisca. A pesar de todo, el aura encantatoria que rodea entera Almedina ha romanizado-morisquizado el alma bárbara de los nuevos pobladores, pues que es el espíritu de la ciudad quien construye y configura a sus habitantes, y no al revés. En el bar de Eusebio, fiel enamorado de Almedina, de indesmayable alma morisca, nos tomamos unos cubatas hablando de morerías ( de la estrecha vinculación de Gadafi con los milenarios arzuges, gétulos, natabres y garamantes convocados en la antigua ciudad de Leptis Magna: ¿por qué ya no se habla de Gadafi y de la guerra de Libia? ), y dejando la visita del interior de la iglesia parroquial para otro día. Volvemos a Valdepeñas por Cózar, a ver si nos da tiempo a jugar con mesura a las tacillas, y no con la compulsión voraz del mismo Góngora, que le arruinaron.

La próxima vez volveré a Almedina con mi hija, trasunto de princesa morisca cervantina, y de cuya vasta y profunda mirada emergen dos grandes jirones de aterciopelada noche. Ahora que los países son ya sólo instituciones económicas, fantasmagorías como ésta de este pueblo de La Mancha son lo único ya que nos ata a la realidad nacional, que nos ata a España. La Mancha y mi hija.

Fuente: El Imparcial

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Una respuesta a Descubrir Almedina

  1. roberto dijo:

    Preciosa descripcion, que te devuelve y en envuelve en una Almedina mas profunda, y que deberia ser conocida por todos. Gracias

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