La viruela en Almedina

Lady Mary Wortley, esposa del embajador de Estambul, sufrió las consecuencias de la viruela en 1714, sobreviviendo desfigurada para el resto de su vida. En 1716 se encontraba junto a su marido en la capital turca, donde aprendió el idioma, descubriendo que muchas de las mujeres turcas se infectaban a propósito a sí mismas y a sus hijos con pus de enfermos de viruela. Inmediatamente sufrían un acceso muy leve de la enfermedad, pero luego quedaban inmunizadas.

Posteriormente, al menos hasta cinco médicos había investigado sobre la vacunación, incluso uno de ellos, Benjamin Jesty, llegó a realizar un experimento en 1774 durante una epidemia de viruela, inoculando el virus de la viruela bovina a su esposa con éxito.

Pero no sería hasta finales del siglo XVIII cuando se comenzó a inocular masivamente la vacuna contra la viruela, primeramente a través de unas observaciones del médico inglés Edward Jenner, nacido en 1749, quién sufrió la viruela en su infancia, dejándole secuelas duraderas en su salud. Aprendiz de cirujano, estudió y practicó en un hospital, uniéndose a la asociación médica local, donde publicó estudios detallados sobre varias enfermedades y campos muy diversos como los globos aerostatitos y la ornitología.

A partir de 1790 Jenner buscó sistemáticamente el modo de proteger a la humanidad de la enfermedad que había estado a punto de matarlo en su infancia.

Siendo médico rural, investigó a fondo la viruela de las vacas, así como a las personas que las ordeñaban. Observó que los ganaderos, sobre todo las lecheras, que rozaban con sus manos las pústulas en las ubres de las vacas enfermas, contraían la viruela bovina, provocándoles ampollas en las manos, sin embargo, cuando llegaban epidemias de viruela humana, sus familias se contagiaban, pero ellas no.

El 14 de mayo de 1796, Jenner dio el paso decisivo; extrajo pus de las ampollas de viruela bovina de una campesina y se la inoculó a un niño llamado James Phipps, hijo de su jardinero. Éste, al cabo de una semana cayó levemente enfermos durante dos días, pero luego se recuperó. Seis semanas después, Jenner le infectó deliberadamente con viruela humana, sin que se produjera efecto visible alguno. Posteriormente repitió el experimento con otras 22 personas de las cuales ninguna sufrió enfermedades graves ni murió. Hoy día dicho experimento le hubiera llevado a la cárcel por imprudencia temeraria.

Y como todo en este mundo, Jenner tuvo sus detractores, como parte de la comunidad científica y la Iglesia más reaccionaria. También surgieron imitadores los cuales en vez de curar la enfermedad la provocaban.

Sin darse cuenta Jenner, abrió la puerta para el estudio y desarrollo de otras vacunas contra enfermedades humanas, utilizando microorganismos atenuados o debilitados de algún modo. El propio Jenner no pudo dar eses paso porque durante su vida no se habían descubierto los gérmenes patógenos.

En 1803 se creó en Gran Bretaña una Real Sociedad Jenneriana, para ofrecer gratuitamente la vacunación contra una enfermedad que mataba 80.000 británicos al año.

En 1800 la vacunación llegó a España y tres años después el Gobierno organizó una “Expedición filantrópica” dirigida por el Dr. Balmis, que durante tres años llevó la vacuna a todo el imperio español de America, las Filipinas y después a Macao, China, etc.

En 1806, Napoleón ordenó la vacunación de todo su ejército.

Edward Jenner recibió títulos y honores por doquier, pero tuvo que vivir como su esposa y uno de sus hijos morían de tuberculosis. Jenner sufrió una apoplejía que le dejó paralizado el 25 de enero de 1823, falleciendo al día siguiente. Ese mismo año había finalizado un estudio sobre la emigración de los pájaros.

En 1840, el Gobierno británico prohibió la técnica de variolización y promulgó leyes para que toda la población fuese vacunada gratis. Sin embargo aún no se comprendía la causa de la enfermedad. Para eso fue preciso esperar al descubrimiento de los gérmenes, gracias a Robert Koch y Louis Pasteur.

A partir de entonces fue posible crear vacunas contra la diarrea crónica intestinal grave, el ántrax, la rabia, el tétanos, la difteria o la peste.

EL MÉDICO. Jean Louis Alibert vacuna a un niño siguiendo los pasos de Edwar Jenner. Óleo por Constant Desbordes. 1820. Historia National Geographic, Nº 121, pág., 17. WHITE IMAGES/ SCALA. FIRENZE

EL MÉDICO. Jean Louis Alibert vacuna a un niño siguiendo los pasos de Edwar Jenner. Óleo por Constant Desbordes. 1820. Historia National Geographic, Nº 121, pág., 17. WHITE IMAGES/ SCALA. FIRENZE

En Almedina

El 24 de enero de 1799, La Gaceta, publicaba un artículo haciéndose eco de una noticia novedosa sobre la enfermedad de la viruela, en la que Juan Joaquín Frías, Capitán del ejército retirado y Regidor perpetuo de la villa de Almedina, consciente de las muchas ventajas de la inoculación de la viruela, se propuso actuar con el ejemplo. Viendo que en el pueblo comenzaban las “viruelas naturales” se puso en contacto, en el mes de mayo anterior, con Francisco Raya, Cirujano de El Toboso, para realizar una operación en un hijo de cerca de 7 años y una hija de 8 meses del Capitán Frías. El Sr. Raya realizó la inoculación en estos dos niños y en otros cinco más del pueblo. Todos pasaron felizmente la inoculación, y hasta otros 76 habitantes fueron inoculados tras la experiencia positiva, y se hubieran inoculado todos los vecinos del pueblo a no ser que por algunas personas menos instruidas, hablaron en contra de la inoculación.

El Capitán Frías inoculó a ocho vecinos de su propia mano. De los 74 inoculados, murieron ocho y uno quedó demente.

Los consejos que se daban a los pacientes, una vez inoculados, eran los de una dieta rigurosa de vegetales y paseos al aire libre.

D. Juan Joaquín de Frías, en 1791 era Teniente de milicias del Regimiento de la ciudad de Cuenca, natural de Almodóvar del Pinar, diócesis de Cuenca y vecino de Almedina, casado con la vecina de Almedina doña Antonia Gregoria Patón y Pérez-Cabellos, y el niño en cuestión le llamaron Juan Lorenzo Antonio María del Tremedal Cayetano Ramón Joaquín, nacido en agosto de 1791.

D. Joaquín era hijo de D. Juan de Frías, que era Administrador y Juez conservador de la Encomienda que en la villa de la Solana y de Alhambra gozaba el Serenísimo Señor Infante de España, Duque de Parra de Plasencia y de doña Ana de Frías, naturales de Almodóvar del Pinar y vecinos de La Solana.

El primer fallecimiento que explícitamente se constata como viruela en Almedina se anota en el Registro parroquial el 31/10/1818, siendo una niña de 14 de meses de edad, Ana Arias Jimeno, quién fallece a causa de dicha enfermedad. El último fallecimiento por viruela se produce en un joven de 20 años, llamado Nicomedes Matamoros Martín el 13/05/1884.

Tras la marcha de Almedina de D. Joaquín Frías, tanto las autoridades municipales, como las sanitarias, no le prestaron la atención debida a la enfermedad de la viruela.

Según los cálculos realizados, en base a los estudios de los registros de defunciones, en Almedina fallecieron por la viruela entre 1700 y 1884, alrededor de 400 personas, de los cuales más de un 60% eran menores de 14 años.

® Antonio Alfonsea Patón  

Fuentes:

Historia National Geographic, Nº 122

La Gaceta,24/01/1799

AA.PP. Almedina

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